Roundtrip

73472783_1488815787927959_7518310186876928_nHoy, un álbum de mi celular me recordó que, hace exactamente un año,  busqué un tiquete sin regreso a Colombia. Es un screenshot de un pasaje one way San Francisco- Bogotá, con escala en Ciudad de México. En los casi ocho años que llevaba en Estados Unidos, era la primera vez que contemplaba la idea de, dejarlo todo y volver a comenzar en Bogotá, la ciudad en la que nací y viví hasta los 21. 

Llamé a Ale, mi hermana, mejor amiga. Ella conoce muchos de mis  secretos y tiene una capacidad que admiro, para entenderme, escucharme sin interrumpir, y desacelerar mi, a veces, impulsiva toma de decisiones. Ni ella ni yo estábamos en nuestro mejor momento,  pero siempre sacamos fuerzas de donde no las hay, hasta que una de las dos se sienta mejor. -“Entiendo Molu, pero piénsalo bien”- me dijo. 

A Emilio, mi psicólogo, también se lo había consultado semanas atrás. Él, como siempre, tuvo las palabras correctas que logran centrarme y demostrarme que, lo que hago y pienso, no es tan descabellado y que existen vías alternas para hacer el camino un poco menos complejo. “Bueno, ¿y por qué no? Esa siempre es una opción, Andrea”. A él y  a sus 45 minutos semanales les debo mucho. Muchísimo. 

El mes de octubre llegaba a su fin. Recuerdo el nudo en la garganta los domingos en la tarde, las manejadas sin destino de los sábados, las pocas ganas de maquillarme, o de celebrar Halloween, el vacío constante en la panza, las preguntas imprudentes de la gente, los viernes en la noche, la soledad, los días cada vez más fríos, el insomnio, las palabras de mi papá, las notas de voz de mi mamá, las ganas de todo. Las ganas  de nada.

Una mañana muy fría, me fui a caminar a San Francisco. Recorrí varios barrios de la ciudad y gracias a que  la ubicación no es una de mis virtudes, sin planearlo, terminé frente al edificio viejo en donde tuve mi primer trabajo “de verdad” en California. Era una empresa de eventos. Todos los días tenía que tomar el tren por un total de 4 horas y media, contando el trayecto del bus que me dejaba en una estación cercana, más una caminata de 20 minutos. Las jornadas eran largas y el pago era un chiste, pero aprendí muchísimo. Tomé el trabajo sin pensarlo dos veces, porque por fin, después de un tiempo en Estados Unidos, iba a poder ejercer mi carrera. Me gustaba. La mayoría del tiempo.

Ese día frente al edificio, cientos de recuerdos llegaron a mi cabeza: pensé  en esa mujer de unos años atrás dispuesta a arriesgarse, a cumplir sueños, y a apostarle al amor, al destino. En esa noche que me despedí de mis papás en el aeropuerto, en mi primer día de trabajo allí, en mis manos sudorosas, en los sacrificios y las lecciones. Entendí lo afortunada que era, a pesar de lo que sentía y vivía en ese momento y que de alguna forma, ya había construido una vida acá. Amaba (y amo con mi vida entera) mi trabajo actual y tenía a mi lado, personas que se habían vuelto familia.

Recuerdo que respiré hondo, cerré mis ojos, y  fue así, en ese instante, como tomé una de las decisiones más importantes de los últimos años.  “ Andrea, esto no te va a quedar grande. No te vas a devolver.

Compré entonces, un tiquete roundtrip y el 23 de diciembre, partí hacia Bogotá. Fue un viaje inolvidable. Estuvo lleno de momentos inesperados, de risas en la playa, de  amaneceres y mucha, mucha paz. Justo lo que necesitaba. Ese, sin duda alguna, ha sido mi viaje favorito a Colombia, incluyendo la discusión con mi mamá en Cartagena, el guayabo del 25 de diciembre o la estafada de “arroz de camarones”, sin camarones,  que me sirvieron el 3 de enero en Santa Marta. El corazón estaba por fin, tranquilo.

Llegó el 8 de enero, momento de volver a California y tuve miedo. Miedo a volver y no querer estar acá. De no poder con todo. 

Me subí al avión y pasé las 9 horas de trayecto leyendo una y otra vez las cartas de Martina, mi sobrina, y escuchando un playlist de canciones de amor. Llegué a mi casa, abrí la puerta y en el instante que sentí ese olor particular que tiene, comprendí, por alguna razón, que mi hogar quedaba ahora aquí. 

Gracias a ese viaje, reafirmé, que mi vida está ahora en esta ciudad, en este barrio, en esta casa blanca,  en este cuarto lleno de libros, frases en la pared y fotos de mi familia y amigos. Mi casa es esta cama queen con cubrelecho blanco de pepitas negras, en donde estoy escribiendo esto. 

Entre más años tenemos, más calculadores nos volvemos. Más miedo nos da cambiar de carrera, de apartamento, de pareja, miedo a tener ese segundo bebé, a hacer ese posgrado, a comprar ese tiquete, a hacernos ese tercer tatuaje, a cambiar de ciudad, o a quedarnos en ella. Pero este año me ha demostrado, que muy en el fondo, siempre tenemos las respuestas dentro de nosotros. Es cuestión de cerrar los ojos, respirar profundo y confiar en nuestra intuición. Esa pocas veces falla. 

Se nos puede ir la vida poniendo todo en una balanza,  o podemos arriesgarnos y jugárnosla. Una de mis frases favoritas, de una de mis películas favoritas, dice lo siguiente: “Las oportunidades, hay que atraparlas deprisa, sin dudar”. 

Ese 23 de octubre pude haber tomado la decisión de devolverme nuevamente a lo seguro. Pero no lo hice. Y hoy, faltando casi dos meses para que este año se acabe y  mirándolo hacia atrás, puedo decir: qué bonito todo. Lo bueno y lo malo. Ha sido un año hermoso. Seguramente me habría perdido de cosas y (personas) maravillosas si me hubiera ido. 

Tengo mis días en donde  quisiera tomar el primer avión a Colombia y bombardeo a mis papás y mi hermana por WhatsApp. Pero sé también que aquí, ya aprendí a encontrar plenitud. Siempre trato de recordarme que tengo la compañía más valiosa: me tengo a mi. No tengo la vida perfecta, pero es la mía.

No sé en donde estaré en dos, cinco años. Pero tengo claro que hoy,  como lo dice una de mis canciones favoritas de mi amado Cerati: Me Quedo Aquí .

2 comentarios sobre “Roundtrip

  1. Hola , termino de leer tu post y créeme me identifico tanto con tus sentimientos y es así eso pasamos todos los que llegamos aquí por diferentes circunstancias , soy peruana. Gracias a Dios estoy aquí con mi esposo e hijos pero vaya cómo se extraña , tu gente , el resto de tu familia , los abrazos que uno necesita de la abuela y demás familiares , la comida …. Tantas veces quisimos regresarnos , no estábamos acostumbrados a trabajar tan duro y menos después de haber estudiado una carrera en tu país y que aquí prácticamente no valga nada !!! Esa impotencia y frustración es con la que tienes que levantarte. E ir a trabajar en algo que no escogiste pero que se tiene que hacer para cubrir los billes y más cuando eres responsable de 4 niños que se esfuerzan lo mismo y más que uno mismo quizás porque llegan a una escuela sin entender el idioma , caminan a casa aún con lluvia pero felices y disfrutando el momento ,, vaya que uno aprende de ellos y aveces pareciera que tienen más coraje que muchos adultos ,,,
    Bueno esto es un poquito de mi historia ,
    Solo quiero decirte si , se puede solo hay que respirar y buscar en las pequeñas cosas las grandes enseñanzas que Dios no da . Seamos fuertes y valiente Y avancemos nadie dijo que sería fácil ,,tienes aún una ventaja puedes salir y entrar a este país y esa es una ganancia billonaria ,,, disfrútala !!!!!
    Te deseo que todos los días estén llenos de Amor y Paz .
    Por si no lo dije antes : Me encantó tu post ..😍

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  2. Hola Andrea, nuestra historia en los EU empezó al mismo tiempo, en Noviembre del 2010. Qué aventura! De las que decidimos quedarnos acá por una u otra razón. Yo, todavía me quiero regresar a mi ciudad natal, cada vez q voy me parte el corazón regresar, mis sobrinos están creciendo, es bien difícil pero hoy pienso que la familia y la red de apoyo cuentan más que muchos dólares o que el trabajo perfecto o una casa Bonita o un carro del año … he logrado hacer muchas cosas aquí por mi dolor y a veces diría que amargura por la soledad y la falta de conexión emocional, hoy no me arrepiento de estar aquí pero hoy estoy planeando regresar, no se exactamente cómo va a pasar pero yo hago lo que me corresponde, disfruto de mi presente y el resto lo he puesto en manos de Dios. Gracias por compartir tu historia y abrir las puertas de tu vida personal. Vamos en el mismo barco 🚤

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